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“La pasión danzaria”:
Una lectura caribeña y multicultural.
Yoe F. Santos[i][1]
Director Ejecutivo
Centro Cultural de Intercambio Audio-Visual, Inc
República Dominicana
Santiago de los Caballeros-Moca, Provincia Espaillat-Santo Domingo
Primavera, 2003
"LPD": Una lectura caribeña y multicultural. Yoe F. Santos, 2003.
“ El futuro esta en abrirse: el futuro pasa por cogestionar los servicios públicos con los propios ciudadanos usuarios del los servicios culturales. La participación cultural no es un bello discurso. Ni algo a practicar una vez al año en una jornada de puertas abiertas de la organización cultural. Eso es espectáculo de la participación. (...)Algunos opinan que la gestión de la cultura de la ciudad o la creación y la propuesta de sentido para vertebrar la ciudadanía desde la calidad de sus vidas y la vida común no tienen el menor futuro(...)”
Toni Puig Ricart
“Gestionemos la cultura de la ciudad con los ciudadanos”.
“La obsesión por la identidad propia parece haberse apoderado de nuestros intelectuales. No les escucho mas que hablar y discutir de la dominicanidad. Y eso dice tan poco a mi espíritu... No haríamos mejor en asumir la critica honesta de nuestros males, de este presente miserable, que en pensar en una identidad siempre fugitiva y gelatinosa?(...)”
Fidel Munigh
“Huellas del Herrante”
“Folkloristas y antropólogos le atribuyen carta de ciudadanía al gagá y periódicamente, se realizan jornadas tales como: “Artistas con el gaga”... esos momentos de gloria del gagá coinciden con el renacimiento de la idea de que la cultura dominicana debe deshispanizarse y de que lo africano debe tener primacía dentro del entronque nacional”
Manuel Núñez
“El Ocaso de la Nación Dominicana”
A: June Rosenberg, Humberto Frías & las victimas de la intolerancia en nuestro siglo: hombres, niños, ancianos y mujeres, sin otro pecado que nacer en el lugar equivocado, en el momento equivocado, o pisar por patria, cualquier rico yacimiento, en un país del Sur. In memoriam.
0. Introducción
Desde la publicación de Salsa -tesis doctoral de Mariví Fidalgo y Ramón Guntín- abriendo la década de los 90, no contaba el público dominicano con un corpus interrogante sobre los aspectos plurifuncionales[ii][2] de la música y la danza, en la conformación de una conciencia nacional, tomando por punto de apoyo a los actores y actrices de los sectores populares, constantemente atenazados[iii][3] por el anatema -desde las elites económicas y el saber oficial- en ocasiones incluso colocando sus ocios y sistemas expresivos como “impostaciones” haitianizantes[iv][4], según el dictamen del reverdecido discurso de nuestros “ negros cabezas rapadas”. De no ser por la peligrosidad de sus intenciones, nos conformaríamos con seguir olvidándoles, mientras suena en el reproductor “kinky reggae”, del tio Bob. ¡’Skin head’ en el Caribe! ¡Válgame Dios!
La no objetividad campea por sus fueros, en el “corifeo neofascista”, a nivel local y global. La voz del poder revela los “saltos mortales” informativos, la truculencia y virulencia de los nuevos censores, en la flagrante y militante violación del artículo 19, de la Declaración Universal de los Derechos Humanos.
El pensamiento único, la glorificación de la fuerza, y la sordera, ante la opinión publica, pretenden demostrarnos, que las armas -más que el debate, la investigación, la contemplación, el análisis, la encuesta de opinión, los derechos humanos, el plebiscito o el referéndum- representan los nuevos iconos[v][5] cotidianos del mundo y formulas insustituibles para el entendimiento o compresión de las voluntades del hombre de éxito.
La “democracia” de las corporaciones, ha podido mas que el ágora de los ciudadanos, en la llamada sociedad del conocimiento y mas que las organizaciones del sistema multilateral. La hiedra, se constituye en summun de la sabiduría, de lo políticamente correcto y de las rutas de acceso al reconocimiento publico (“Quien no trepa, no existe”, parece ser la divisa de nuestros tiempos).
Existimos en un mundo donde unos pocos, pagan y ganan, ejercitándonos en las pesadillas, el flashback de nuevos horrores y “nobles” causas. Como en los 50s, hoy nos lo traen como delicatessen, justo frente a la cama, como en “Total recall”. Los fantasmas quieren controlar la agenda del desarrollo planetario y les va muy bien, desde la sordera del poder, al clamor general de: paz, democracia y diversidad cultural! Por eso, la música nos cura de desesperanzas[vi][6], cuando se torpedean la equidad y la multilateralidad.
El neomacarthismo, la invocación de la inmigración tasa cero –Le Pen y en centroeuropa: democristianos y nacionalsocialistas, por citar solo algunos ejemplos- o el peligro ‘ para la seguridad nacional y cultural’ de los inmigrantes, residentes o minorias ‘not 100% born in America’, como sloganes de las campanas políticas.
El neomaltusianismo, el neotrujillismo, el neofascismo, son algunas de las melancólicas visiones de las elites, procurando seducir a las audiencias de los mass media. En definitiva: barbarie. Ningún punto de contacto con el fortalecimiento del espíritu crítico, ni el sprit de corps de la persona humana, independientemente de las fronteras o de su status migratorio[vii][7].
Para quienes andamos guardando distancia de las frases –e intereses- de quienes niegan a los afrodescendientes, pese a constituir la inmensa mayoría del pueblo dominicano, su derecho a mirarse en el espejo, La pasión Danzaria, es un peldaño mas en la recuperación de nuestra memoria, birlada, en los textos y autores de las historias oficiales. Un testimonio de los frutos del derecho al ejercicio de las salvaguardas a la libertad del pensamiento[viii][8] -recibir, producir, investigar y analizar fuentes- con la finalidad de llegar alguna vez a la “orilla” de la verdad, valiéndose del método científico, y no a la apelación de los discursos prohijados en, desde y para los ventrílocuos de la cultura de la exclusión y la intolerancia. El derecho a “decir su palabra”, y a sacudirse[ix][9] de lo aprendido en la doxa oficial, sobre dominicanidad, historia y cultura.
Comentar los aportes sistematizados en los siglos XIX y XX, por las ciencias sociales, constituye la oportunidad de aportar un peldaño más, tanto a la comprensión celebrante de nuestro acervo multicultural, como muro de contención, al “revival” del pensamiento neotrujillista, en la cultura, las humanidades, y las ciencias económico-sociales. Sólo así alcanzaremos a divisar las tierras que manan leche y miel, definidas por UNESCO[x][10] como “construcción de una cultura de paz y tolerancia”, tanto en lo público como en lo privado, en países como República Dominicana, de cara al afianzamiento de la interlocución democrática, en el siglo XXI.
Por eso aceptamos esta generosa invitación a comentar La pasión danzaria, desde nuestra perspectiva, no sólo analítica, sino al interior de un debate nacional y continental en curso, sobre: qué estrategias podrían ser eficaces para defender y difundir[xi][11] nuestra memoria y herencias, como dominicanos y caribeños, sin violentar – por no seguir amamantándonos en el etnocentrismo radical- la posibilidad de puesta en acto de la “globalización de los valores”, y de la solidaridad[xii][12], por sobre todos ellos?.
Entre Fidalgo, Guntín y Tejeda, es revelador que sus textos se editaran en las postrimerías del siglo XX, pese a recorrer la evolución y rupturas en géneros, ritmos e hibridaciones desde los tiempos coloniales hasta nuestros días.
Otro punto coincidente, en los tres autores -y en parte una de las principales motivaciones para el presente ensayo- lo constituye la descripción de los modos en que las sociedades caribeñas se sumergieron en la sociedad de masas y la modalidades de cooperación que la misma, junto a la labor de amanuenses modernos, como músicos y compositores académicos, en: el rescate, preservación y divulgación del ser, pensar oral y rural, brindo a la conformación de la dominicanidad[xiii][13]; y las percepciones[xiv][14] que las sociedades industriales derivaron de la recepción[xv][15] de discos, cassettes, videos-clips y otros productos para registro de la memoria colectiva local y su distribución por las redes mundiales del ‘world music’. World music es una suerte de tutti fruti, contentivo de las expresiones musicales no anglosajonas o del Tercer Mundo, que encontramos como un escupitajo –trastero donde ninguna clasificacion distinta para culturas de ‘outsiders’ procedentes del “rest to the world” es posible- en las opciones de la radio ‘on line’.
El conjunto de afirmaciones de los autores en relación al tránsito probable de la música y los productos culturales electrónicos -en sentido general DVD, CD, vídeo, TV, multimedia, entre otros- y su función social, económica e ideológica, para la preservación y circulación del “ser nacional”, en el territorio resbaladizo de lo cotidiano, hoy[xvi][16] más que nunca, cuando el tejido social y espiritual de lo dominicano – con sus siameses: lo caribeño, lo latinoamericano y lo global- se encuentra amenazado por la sobreexposición mediática, del pensamiento único y/o la caricaturización de los atributos de las culturas locales, en los medios de los paises industrializados, antes de su reexportación vía satélite o televisión por cable.
Como cualquier buen cronopio de conciertos, en algunas valorizaciones no estaremos de acuerdo -y tampoco el lector, con nuestros puntos de vista-, pero: “un sistema cerrado de conocimientos fácticos, que excluya toda ulterior investigación, puede llamarse sabiduría, pero es en un rigor, detritus de la ciencia. El sabio moderno a diferencia del antiguo, no es tanto un acumulador de conocimientos como un generador de problemas (...) los modernos sistemas de conocimiento científicos son como organismos en crecimiento, mientras están vivos cambian sin pausa”[xvii][17].
La canción, la danza, la música y su articulación con los resortes por donde se obtura el decir-otro, por parte de los gestores de las culturas y subculturas subalternas, por encima de las negaciones, olvidos, censuras y violencias institucionales, han encontrado primero en sistemas de registro preproducción -como la imprenta, la fotografía, el disco y el vídeo-, aliados, los cuales junto a la notación musical, han hecho posible que las pretensiones del discurso de la unidad-verdad-totalidad, para garantizar la hegemonía de los vehículos de registro de la memoria histórica, se vean obligados a una lectura inclusiva, múltiple, contradictoria a veces, sobre: quiénes somos, hacia dónde se orientan -o deberían orientarse- las prioridades[xviii][18] de inversión en animación socio-cultural (ASC), y qué vínculos tienen o deberían tener estos temas con la agenda de políticas públicas y los desempeños vinculantes de las nuevas tecnologías, con fuerzas como: la economía, las industrias culturales[xix][19] y las corrientes diaspóricas[xx][20], en el siglo XXI.
La República Dominicana ha decidido – no sin resabios de una parte de la intelligentzia - en los últimos lustros del siglo XX, dejar de vivir de espaldas a la diversidad lingüístico-cultural del Caribe insular –anglo y francófono, holandés e hispano-, lo que le ha valido el liderazgo moral, económico y cultural que recién se está despertando, como propuesta colaborativa y de desarrollo humano en escenarios como la Asociación de Estados del Caribe (AEC) y CARICOM, en la cual ya en 2003 comienza a tener un impacto positivo en las exportaciones matéricas -tubos de PVC, cemento y otros materiales de construcción-.
Si bien los aprestos colaborativos intrarregionales, como: la firma de instrumentos consensuados por nuestros ministerios y poderes públicos, privilegian áreas tradicionales como el turismo, las maquiladoras o zonas francas, el transporte o la transferencia / generación de tecnologías, el modelo de desarrollo inclusivo, por el que apuestan segmentos crecientes de los más de 200 millones de habitantes del Caribe y América Central, implica el mejoramiento de sus condiciones materiales de reproducción social[xxi][21], sin que tal aspiración los reduzca a la unidimensionalidad del consumidor o del ciudadano.
Tomando en cuenta esos factores, la principal falencia del enfoque anterior descansa en la insuficiencia enfática para destinar recursos -tecnologías, personal y know how- a la búsqueda de un concierto de opciones regionales capaz de zanjar los abismos entre el quehacer cultural y las persistentes demandas de bienestar económico, generación de empleos, conservación y divulgación la memoria histórica y enriquecimiento de nuestras múltiples herencias, a nivel caribeño, latinoamericano y en todo el mundo no industrializado, como modo para la supervivencia espiritual, ante la avalancha de importaciones, orientadas a disolver los vínculos comunitarios, locales y regionales, para en su lugar entronizar el “sálvese quien pueda”, o bien reducir los productos de los medios masivos de comunicación a la condición de ofertas de “entretenimiento” que merecen se les abran las puertas con el subsiguiente riesgo de homogenización y neocolonización espiritual, en el caso dominicano y de la mayoría de países no industrializados.
Hoy, artistas, escritores, investigadores, han tenido que ceder una parte de su interés inicial, ante el peso iracundo de su lugar en la sociedad y particularmente en la familia, producto de su propio ciclo de vida, lo cual remite a una aproximación donde industria, autor, intérprete y mercado, dejan de satanizarse entre sí, torciendo el timón de los sueños, para renegar de uno de los hallazgos de una investigación de L. Colon Tatis: “ los artistas y escritores dominicanos, no se perciben a si mismos como trabajadores, en su mayoría”[xxii][22]
De 1970 al 2003 , aquellos ‘adolescentes de la contestación’[xxiii][23] han pasado a ser adultos en el buen sentido del término -legisladores, ejecutivos de agencias de publicidad, figuras internacionales-, con honrosas excepciones; también el movimiento cultural, el país y el mundo han cambiado, hacia litorales insospechados una generación atrás.
Al momento de planear un repunte o revalorización del lugar de la creatividad y del sitial preferente de la música, y el resto de los bienes culturales, en el acercamiento espiritual y humano -dentro de las coordenadas y los paradigmas actuales-, la economía, ni la administración o el diseño de políticas públicas, pueden seguirse percibiendo como compartimientos estancos. De lo contrario, unos y otros se obstaculizarán, haciéndose inviables para retroalimentar cualquier enfoque omnicomprensivo de la cultura dominico-caribeña, hoy.
La producción cultural[xxiv][24] es un todo inextricable, desborda con mucho las bellas artes y la literatura, para adentrarse en el mundo cotidiano, tal y como han establecido reflexiones recientes de Maria y Campos y Achugar, por mencionar sólo experiencias latinoamericanas, siendo al mismo tiempo uno de los grandes aciertos en el abordaje de la investigación de Tejeda: desentrañar de forma inteligible, incluso para el “gran publico”, las dinámicas, abrevaderos y deudas del referido proceso, en una joven nación insular.
El tipo de lectura que inicia a continuación, procura, en la medida de nuestras posibilidades, profundizar en el tiempo la mirada de las grandes tendencias que condicionan o impulsan la continuidad de: los estudios de producción de sentido, la circulación de productos culturales y tipos de recepción de tales discursos, en sociedades en transición[xxv][25] como la dominicana, y por ende con poderosos sectores -en la opinión pública y en los poderes fácticos-, anclados en una percepción pastoril o bucólica del trabajo cultural; y los medios para salvaguardar -primero a sus actores-actrices y también la soberanía[xxvi][26] de las audiencias-, ante perversidades como la payola o las veleidades de la censura[xxvii][27] -comercial política, religiosa o moral- como deudora del aparato de vigilar/ castigar, heredados de una conciencia refractaria al cambio y negadora de la diversidad, que se remonta en América, a la Santa Inquisición, y ya en nuestro siglo, a la maquinaria de opresión espiritual legada de casi 80 años de intolerancia[xxviii][28] y autoritarismo en la conducción del Estado Dominicano, descartando simultáneamente: los beneficios del trabajo colaborativo, como el respeto al derecho a la diferencia, entre gobernantes y gobernados.
La “cultura de masas”[xxix][29] y el impacto mediático en la conformación de una cosmovisión en grupos humanos que, desde la condición de analfabetos, semianalfabetos o analfabetos funcionales, cuentan con poco contacto con el mundo lecto-escritural de las elites instruidas, constituyen un desafío formidable para la investigación tanto social como humanística, en países como República Dominicana, en el siglo XX1.
La pasión danzaria se aventura a reconstruir los hilos de ese tránsito, pisando en muchos casos la huella fresca de tópicos[xxx][30] que demandan, para su oxigenación, de miradas y enfoques, dentro y fuera de la vida académica, tocando lo político, lo económico y los factores orientados a la construcción y análisis, de las subjetividades, de los creadores, su contexto y apuestas existenciales.
Gracias a Bourdieu, una parte de nuestra generación aprendió que la pretendida “asepsia” del objetivismo, en los discursos del cientista social, es la cortina de humo para enmascarar y legitimar la confabulación con la preservación de un tipo de investigación “vendida”, ofertada a las sociedades como la única forma de asumir la investigación. Exorcizados, parcialmente de tal delirio, es oportuno entonces comenzar a profundizar sobre las industrias culturales y la identidad, en el texto de Tejeda y otras fuentes colindantes, por lo que de presente y futuro, para la salvaguarda de las practicas significantes, tiene tal filon, en el caso de los pueblos del Caribe, en términos amplios y en la protección / difusión, de las culturas locales, en la dominicanidad ubicua[xxxi][31], en el S. XXI.
1. Industrias Culturales[xxxii][32] e Identidad: Pórtico de luz.
“...el inconsciente traiciona las apariencias (...) A contrapelo de la negación, la subestimación o el menosprecio de la influencia africana, las pulsaciones latentes de esta se sienten y siguen subyaciendo en los ritmos ardientes, en la danza maquinalmente bailada, en los ritos mágicos y religiosos o en los cantos de la tradición oral (...) Pero el sincretismo no fue causa: fue un resultado(...)”.
Darío Tejeda
La pasión danzaria, p. 15.
“Como pronostico Sócrates, cuando mas personas aprendieron a leer, se amplio el ambito de la comunicación (...) Sin embargo, los expertos aun debían copiar trabajosamente la información que querian preservar, o pagar a un escriba para que lo hiciera por ellos. En el siglo XIV, por ejemplo, la biblioteca del poeta (...) Petrarca contenía mas de 100 manuscritos que tuvo que copiar el mismo (...) el conocimiento – y el poder que trae consigo- pertenecía a muy pocas personas”
Shirley. Biaggi
“El impacto de los medios”
La primera afirmación que llamo nuestra atención en el texto de Tejeda, guarda relación con otros quehaceres que nos han ocupado por casi 30 años en el movimiento cultural dominicano: la recepción[xxxiii][33] de los productos culturales y las formas en que estos permean y moldean las resistencias en distintas audiencias[xxxiv][34], incluso cuando estas últimas se inscriben en discursos esencialistas, hispanófilos o eurocéntricos, tenidos como verdades, deseables, en los textos escolares, o en las prácticas comunicativas, a lo largo de la cultura-sociedad dominicana, del siglo XX[xxxv][35].
La existencia de una conexión[xxxvi][36] local-nacional e internacional con audiencias que demandan novedades en una réplica del “entertainement system”, constituye uno de los rasgos de la llamada cultura de masas, la cual rompe -o agrieta[xxxvii][37] de forma notoria-, las ínsulas territoriales y lingüísticas, heredades de la visión feudal y monacal de la cultura y su función, propiciando su producción[xxxviii][38], circulación y consumo[xxxix][39], de forma preferente entre las “clases selectas”, para dejar fluir en su lugar tales productos hacia un esfera más amplia y según una no menos tupida red de relaciones para su descodificación o “digestión”[xl][40] en términos valóricos – sociales, políticos, religiosos, filosóficos- entre otros elementos concurrentes.